En la primera semana de septiembre se celebraron las Jornadas de Bienvenida, donde se facilitó toda la información relevante para el inicio de los estudios universitarios en la Facultad de Economía y Empresa (FECEM) a los alumnos de nuevo ingreso. Este año contamos con la colaboración de Luis Molpeceres y Alejandro García-Yagüe Navas, co-fundadores de Antío. En una sesión práctica, los exalumnos de FECEM explicaron cómo usar la Inteligencia Artificial (IA) para estudiar en la universidad y retener conocimientos de forma sencilla:
La mayoría de los estudiantes llega a la universidad después de quince años estudiando sin que nadie le haya explicado nunca cómo hacerlo. No es una impresión: el 78% de los estudiantes españoles de secundaria dice que nunca recibió ninguna pauta sobre cómo estudiar.
Y ahora, además, casi todos llevamos en el móvil una inteligencia artificial que tampoco nadie nos ha enseñado a usar para aprender. Puede convertirse en tu mejor aliado o en la forma más rápida de perder el tiempo.
Gimnasio, no taxi
Imaginemos a dos estudiantes con la misma IA y el mismo examen. Luis le pide que le haga el resumen, que le resuelva los ejercicios y que le dé el resultado. Copia, pega y cierra el móvil. Sara le pide que se lo explique como si tuviera diez años, que le haga preguntas y le señale los fallos, y que le diga por qué está mal lo que ha hecho. Conversa, se equivoca y aprende.
Cuando llega el examen, la IA no entra en el aula. Luis saca un 3,5. Sara, un 9,3. Los dos usaron la misma herramienta y los dos ahorraron tiempo, pero solo una de ellos aprendió algo.
La analogía que mejor lo explica es la del taxi y el gimnasio. Un taxi lleva al destino, pero quien va dentro no se mueve. Un gimnasio te da las herramientas para entrenar, pero el esfuerzo lo pone cada uno. La IA funciona mucho mejor como gimnasio: que trabaje para ti, no en tu lugar.
La fórmula CAFÉ
¿Y cómo se consigue eso? Con la forma de pedirle las cosas. La mayoría de la gente escribe únicamente lo que quiere que la IA haga, y por eso las respuestas salen genéricas. Un buen prompt tiene cuatro partes:
C - Contexto.
A - Acción
F - Feedback
E - Estilo
Con las cuatro juntas, un prompt para autoexaminarte queda así (se puede copiar tal cual):
“Soy de 1º de ADE, mañana tengo examen de macroeconomía. Corrige como un profesor exigente: directo, concreto, sin rodeos. Hazme 10 preguntas de una en una, sin darme la respuesta. Yo contesto, tú corriges y me dices en qué he fallado. Al final, dime las 3 cosas que tengo que repasar esta noche.”
Ahí están el contexto (1º de ADE, examen mañana), el estilo (profesor exigente), la acción (diez preguntas de una en una) y el feedback (corregir, señalar fallos, indicar qué repasar).
Dudar también es usarla bien
La IA lo dice todo con la misma seguridad, tanto lo verdadero como lo inventado. No cambia el tono, no duda, no avisa. Y a menudo le concedemos una confianza que no le daríamos a nadie más: si un compañero nos suelta un dato con total seguridad, lo comprobamos; si lo hace la IA, tendemos a copiarlo sin más.
Tres frases sencillas ayudan a evitarlo:
1. “¿Estás seguro?” A veces se corrige sola.
2. “Dame las fuentes.” Si no puede citarlas o no existen, es probable que se lo esté inventando.
3. “Comprueba tu respuesta.” Sorprende cuántas veces cambia.
Así que ya no basta con saber cómo estudiar. También hace falta criterio para saber cómo utilizar la IA y evitar que, en lugar de ayudarte, te haga perder el tiempo.
Porque la IA no es un superpoder. Saber usarla, sí.
Luis Molpeceres y Alejandro García-Yagüe Navas, co-fundadores de Antío (https://www.antio.app/)